APUNTES  DE DESCARTES

 


EL METODO Y SUS REGLAS

Descartes define el Método como un conjunto de reglas ciertas y fáciles que permiten al que las observe exactamente no tomar nunca los falso por verdadero y viceversa.
Esas reglas se reducen, según Descartes, a cuatro: Evidencia, Análisis, Síntesis y Enumeración.

1.      REGLA DE LA EVIDENCIA: No admitir jamás como verdadera cosa alguna sin conocer con evidencia que lo es, es decir, evitar la precipitación y la prevención, y no comprender, en los juicios, nada más que lo que se presente a mi espíritu tan clara y distintamente que no tenga motivo para ponerlos en duda.
COMENTARIO: Esta regla hace referencia a la evidencia como criterio de verdad. Las condiciones que permiten que la evidencia pueda alcanzarse son las siguientes:
 Claridad y distinción: Descartes afirma que un conocimiento claro es aquel que se presenta de un modo manifiesto a un espíritu claro. Por su parte, un conocimiento distinto es aquel que es tan preciso y tan diferente de los demás que comprende realmente lo esencial.

2.      REGLA DEL ANÁLISIS:dividir cada una de las dificultades en tantas partes como fuese posible y en cuantas requiriése una mejor solucion.
COMENTARIO:Las dificultades (questiones) de las que habla esta regla se refieren al hecho de que un discurso se encuentra constituido por un conjunto de cuestiones (dificultades) en donde puede estar mezclado lo verdadero con lo falso. Se trataría, por tanto, de dividir (analizar) esas cuestiones con el objetivo de alcanzar sus elementos simples y evidentes.Tales elementos simples deberían ser captados a  través de la intuición.
Los elementos simples son los elementos últimos a los que se llega a través de un proceso de análisis (división). Así, por ejemplo, en el análisis de lo corporal, Descartes, llegará a descubrir como elementos simples, y esenciales de los cuerpos: la extensión, la figura y el movimiento. Por su parte, en el análisis del espíritu, Descartes, descubrirá como elementos simples del mismo: el querer, el dudar, el pensar.
Por su parte, la intuición es un mecanismo que utiliza la mente para lograr un conocimiento evidente. El conocimiento es algo inmediato, es decir, no necesita de mediación alguna para saber que su certeza es algo evidente. Cuando, más adelante, Descartes, llega a descubrir el cógito, como una verdad evidente, afirmará que tiene certeza de ello no a partir de un razonamiento complejo y mediatizado por multitud de premisas, sino de un modo intuitivo, es decir, como algo de lo que sabe su evidencia de una forma inmediata.

3.      REGLA DE SÍNTESIS: conducir ordenadamente mis pensamientos, comenzando por los más simples para ir ascendiendo, como por grados, hasta el conocimiento de los más complejos.
COMENTARIO: esta regla es un complemento claro de la regla anterior. Despues de haber llegado a los elementos simples, seguros y evidentes, se trataría de construir un edificio de conocimientos cada vez más complejos, es decir, de ascender, sobre la base de lo evidente, hacia otro tipo de conocimientos. En la práctica de la filosofía cartesiana puede percibirse la aplicación de esta regla desde el momento en que, despues de haber descubierto como evidente la certeza del cógito, comenzará a ascender hacia conocimientos más complejos como, por ejemplo, serán las pruebas de la existencia de Dios y la desaparición de la duda sobre las cosas materiales

  1. REGLA DE LA ENUMERACIÓN:hacer enumeraciones tan completas y revisiones tan       generales hasta estar seguros de no omitir nada.
    COMENTARIO: en esta regla puede observarse la obsesión de Descartes por alcanzar un método seguro e indubitable sobre el que poder asentar conocimientos seguros y fiables.

 

LA DUDA METÓDICA

Descartes diferencia entre duda real y duda metódica. La primera es la duda del escéptico que sólo duda por dudar. Descartes rechaza este tipo de duda. La segunda es la duda de investigador que la utiliza, como método, con el objeto de intentar averigüar si, a partir de tal duda, seria posible alcanzar algún tipo de verdad que sea indubitable. Este es el tipo de duda que utiliza Descartes.
Descartes señala que la duda que él utiliza tiene las siguientes características:

1.      Metódica: Es decir, la duda es un medio que Descartes utiliza con el objetivo de alcanzar algún tipo de certeza que sea indubitable.

2.      Universal: La duda ha de ser aplicada a toda proposición acerca de la cual quepa la más mínima interrogación.

3.      Provisional: La duda debe ser abandonada desde el momento en que llegue a descubrirse algún tipo de verdad que sea absolutamente indubitable.

4.      Teorética: La duda no ha de extenderse a la conducta. En el terreno de la moral estamos obligados, según Descartes, a seguir proposiciones aunque se manifiesten únicamente como probables.

Después de haber señalado que su duda es metódica, Descartes, pasa a exponer las razones que le llevaron a plantear la misma como algo universal. En la descripción que Descartes lleva a cabo de estas razones, sería de destacar lo siguiente:

·         Duda de los sentidos

Descartes comienza aplicando la duda a todo aquello que ha aprendido a través de los sentidos. Y es, afirma Descartes, que tengo experiencia de que los sentidos me han engañado multitud de veces y no es conveniente confiar en alguien que nos haya engañado aunque hubiera sido una sola vez. Por consiguiente, Descartes, sitúa dentro del ámbito de la duda, todo aquello que hemos aprendido a través de los sentidos.

·         Hipótesis del sueño

Descartes pone tambien en duda la información de los sentidos internos. Como si no hubiera soñado lo mismo, afirma Descartes. Es decir, utiliza como argumento para dudar también de algo que parece evidente (como, por ejemplo, que estoy viendo mis manos) el mundo de los sueños. Es evidente que tambien he soñado que estaba contemplando mis manos y que estaba leyendo un libro delante del fuego. ¿Cuál de los dos mundo es el verdadero? ¿El de la vigilia? ¿El de los sueños? Es evidente, reconoce Descartes, que ambos mundos son diferentes y soy consciente de ello. Descartes, se cuida de señalar que no confunde el mundo de los sueños con los de la vigilia. Pero el problema no es ese. La cuestión que le hace plantear la aplicación de la duda, incluso a lo que los sentidos nos muestran como evidente, tiene su base en que, desde un punto de vista epistemológico, no ve claro porque es más verdadero el mundo de la vigilia que el mundo de los sueños. No es, por tanto, un problema de diferenciación de mundos (Descartes afirma que no confunde la vigilia con los sueños) sino un problema referido a la verdad de esos mundos. Como no tengo claro, señala Descartes, por qué la verdad pertenece al mundo de la vigilia y la falsedad al mundo de los sueños

 

·         Hipótesis del Genio Maligno o Dios Engañador

Las verdades de la matemática son tambien dudosas, según Descartes, ya que es posible que exista, por encima de mi, un genio astuto y maligno, de extremada astucia y poder, que me lleva a equivocarme incluso ahí. Por lo tanto, las verdades inteligibles, pertenecientes al mundo de la matemática, son situadas también por Descartes en el ámbito de la duda.

En definitiva, la duda cartesiana es universal: sitúa como dudoso todo lo que hemos aprendido por los sentidos, tanto a nivel externo como a nivel interno, y, además sitúa también como dubitable todas lo referente a las pretendidas verdades inteligibles. Y afirma estar dispuesto a permanecer en este estado de duda hasta que no haya alcanzado algún tipo de verdad que sea absolutamente indubitable.

 

 

 


DESAPARICIÓN DE LA DUDA METÓDICA

La duda metódica cartesiana desaparece desde el momento en que, Descartes, establece como principio indubitable lo que denomina como cógito, ergo sum (pienso, luego soy (existo). Sobre esta proposición es necesario entender lo siguiente:

1.      Según Descartes la proposición: pienso, luego existo, es algo acerca de lo cual es imposible dudar. Y es que puedo dudar acerca de cualquier tipo de verdad referida a lo aprendido a través de los sentidos e, incluso, a lo aprendido a través de la razón (matemáticas) a partir de la hipótesis del genio maligno; pero de lo que no puedo dudar es de que pienso, es decir, de que tengo pensamientos ya que el mismo hecho de dudar implicar el tener que pensar.

2.      El descubrimiento del cógito solamente establece como algo indubitable, según Descartes, que él es una substancia pensante, es decir, alguien que (aún sin saber totalmente quien es) tiene pensamientos. Sobre la veracidad de ese principio, es decir, que existimos como alguien que tiene pensamientos es algo sobre lo que no se puede dudar

3.      Al mismo tiempo, la proposición: cógito, ergo sum, no es el fruto de un razonamiento sino el producto de una intuición. Según Descartes, no hace falta llevar a cabo un razonamiento complejo para poder ver con claridad que tenemos pensamientos, que existimos como sujetos pensantes. Eso es algo que se ve de modo inmediato.

En definitiva la existencia del cógito únicamente es aplicable, según Descartes, a la existencia del pensamiento. Sobre los objetos de tal pensamiento sigue presente la duda. De todos modos, para Descartes, el pensamiento abarca no solamente el puro pensar sino también el sentir, querer, imaginar, concebidos, claro está, como facultades o modos del pensar y existiendo independientemente de sus objetos.

Descubierto el principio indubitable del cógito, Descartes, establece como otro principio necesario lo que denomina como criterio general de certeza. Este nuevo principio establece que se acepta como regla general que aquellas cosas que se conciben de forma clara y distinta son todas verdaderas.

Es evidente que, de momento, solamente una: somos substancias pensantes.

Descartes desemboca en el solipsismo (solo estamos seguros de la existencia del Yo); para salir de él intenta, a partir de la certeza del cógito, demostrar la veracidad de las cosas que son distintas al Yo : Descartes tiene que abrirse del yo a las cosas nunca de las cosas al yo. Y es que no puede olvidarse que sobre la existencia de las cosas nunca podríamos tener un verdadero conocimiento. Parte únicamente de la certeza del sujeto (idealismo).

 

ACERCA DE LAS IDEAS

Para poder decir algo acerca de las cosas que son diferentes al yo ( pensamiento ), Descartes, se ve obligado a partir de ese mismo yo o pensamiento, ya que únicamente está seguro de la certeza de sí mismo existiendo como tal pensamiento.
 Las ideas como imágenes de las cosas pueden ser, según Descartes, de tres tipos.

1.      Ideas innatas: representan la facultad natural que nos pemite aprehender lo que son las cosas, lo que es la verdad y lo que es pensamiento.

2.      Ideas adventicias (adventum): son aquellas que proceden de fuera y que son externas al sujeto.

3.      Ideas facticias: son aquellas inventadas o fingidas por uno mismo.

Pues bien, a partir de ahora, Descartes se propone repasar  las ideas que existen en él mismo e intentar averigüar si  él mismo podría ser la causa de tales ideas.

Para llevar a cabo esta investigación, Descartes, afirma que, analizando sus ideas, se encuentra con diferentes tipos:

1.      Una clase de esas ideas se refieren a las cosas corporeas. (adventicias)

2.      Otra clase de ideas se refieren a los ángeles y a otros hombres parecidos a mí. (facticias)

3.      Otra clase de ideas se refiere a un ser infinito (Dios) (Innatas)

Pues bien, Descartes, se pregunta: ¿Podría ser yo mismo la causa de tales ideas? Su respuesta se puede resumir del modo siguiente:

1.      Por lo que se refiere a las ideas que se refieren a las cosas corporeas, no es absurdo suponer que yo mismo pudiera ser la causa de tales ideas, que yo, en cuanto substancia, soy la causa de ideas que se refieren a otras substancias

2.      Por lo que se refiere a las ideas que representan a los ángeles y a otros hombres parecidos a mi, no sería tampoco absurdo suponer, según Descartes, que yo mismo pudiera ser la causa. Yo mismo podría ser la causa de ideas que representaran a otros hombres a partir de la idea que tengo de mi mismo como hombre, y eso aunque no existiera ningún hombre en el mundo al que pudiera ver. Por lo que se refiere a las ideas que representan a los ángeles, tambien podría ser yo mismo la causa de tal idea. Pues bien, uno mismo, según Descartes, podría crear una idea de este tipo a partir de la idea que tenemos de nosotros mismos como susbtancias pensantes (formal) pero finita (creada) y de la idea que tenemos de Dios como una realidad inmortal.

3.      Por lo que se refiere a la idea de Dios no resulta nada claro que uno mismo pudiera ser la causa de tal idea. Y es que en la idea de Dios no únicamente está presente la substancia (como sucede con uno mismo y con las cosas) sino también la idea de una substancia infinita, eterna, todopoderosa. ¿Podría ser yo (substancia finita) la causa de una idea que representa una substancia infinita?

 

 

ACERCA DE LA IDEA DE DIOS

En relación a la idea de Dios, Descartes, se plantea la siguiente cuestión:

 

ARGUMENTO DE LA CAUSALIDAD EFICIENTE

 

¿Puedo se yo mismo la causa de la idea de Dios en mí?

 Pues bien, si yo, como substancia finita, fuera la causa de la idea de una substancia infinita, entonces lo menos perfecto sería causa de una idea más perfecta, y eso sería, según Descartes, algo inadmisible. En definitiva, parece que nos hemos encontrado con un tipo de idea, acerca de la cual, uno mismo no podría ser la causa.
Ahora bien, aunque yo mismo, afirma Descartes, no pueda ser la causa de la idea de Dios, lo que es evidente es que tal idea existe en mí. ¿De dónde procede? ¿Quién es la causa de tal idea? La respuesta de Descartes es clara: como es imposible que algo finito (yo mismo) sea la causa de una idea infinita, es necesario concluir no solamente que yo no puedo ser la causa, sino también que tiene que existir un ser infinito que la ha puesto en mí. Ese ser infinito es Dios. Por lo tanto, Dios existe

 

ARGUMENTO ONTOLÓGICO.

La  prueba cartesiana sobre la existencia de Dios  que se denomina argumento ontológico tiene la siguiente estructura:

·         Del mismo modo, afirma Descartes, que percibo de modo evidente que la figura forma parte, por ejemplo, de la naturaleza de un triángulo; percibo también, de forma clara y distinta, que existe en mí, la idea de un ser absolutamente perfecto, al cual tiene que pertenecer, también por naturaleza, la existencia.

·         Ahora bien, hay una dificultad a lo dicho anteriormente: tal dificultad viene dada por la evidencia de que la existencia puede separarse de la esencia, es decir, del hecho de pensar en algo como necesario, no implica necesariamente que ese algo exista. En definitiva, según Descartes, esencia y existencia no se identifican. Parece como si  aquí, Descartes, tuviera en mente las objecciones de Tomás de Aquino al argumento ontológico de San Anselmo.

·         Que esencia y existencia no coinciden necesariamente puede verse claramente en el hecho de que porque tengamos la idea de triángulo (esencia), eso no quiere decir que existan triángulos en el mundo; o porque pensemos que un monte siempre va acompañado de un valle, no se sigue que existan montes o valles. El pensamiento, afirma Descartes, no impone ninguna necesidad a las cosas.

·         Ahora bien, aunque de la idea de  triángulo no se siga necesariamente que éste exista, lo que si se sigue necesariamente es que tiene tres lados. Y aunque del hecho de no poder pensar un monte sin valle, no se sigue su existencia, lo que si se sigue necesariamente  es que no puede pensarse logicamente el uno separado del otro.

Pues bien, del mismo modo que repugna a la lógica el pensar en un triángulo que no tenga tres lados, asi también repugna a la mente decir que se posee la idea de un ser absolutamente perfecto y decir que tal ser no existe. Es decir, del mismo modo que no sería contradictorio decir que el triángulo existe, pero si lo sería afirmar que no tiene tres lados; también sería contradictorio decir que tenemos la idea de un ser perfecto y no concluir su existencia.

 

 


DIOS GARANTÍA DE VERDAD

Demostrada, de modo irrefutable, según Descartes, la existencia de Dios, tanto a través de las dos pruebas causales ( 1º relación causa-efecto 2º subordinación del efecto a la causa)  como del argumento ontológico, afirma, ahora, que sería lógico concluir (además de la certeza de la existencia de Dios) acerca de la certidumbre de las demás cosas
A partir de ahora, Dios, se convierte, para Descartes, en el genio benigno que nos  garantiza la veracidad de lo evidente. Solamente tengo que saber, afirma Descartes, que aquello que una vez he visto con claridad y distinción, aunque puedan surgir dudas posteriormente, sigue siendo claro y distinto porque Dios no es engañador

 

 

CIRCULO VICIOSO

Descartes finaliza la 5ª meditación metafísica, en donde trata sobre el argumento ontológico, demostrativo de la existencia de Dios, con un texto del que se le acusa de haber caído en un círculo vicioso. El texto dice así:

Por lo tanto, veo que la certidumbre y la verdad de toda ciencia dependen tan sólo del conocimiento de Dios, de modo que nada podría conocer perfectamente antes de que lo hubiera conocido a Él.

 

La acusación, que se le hace a Descartes, de haber caído en un círculo vicioso podría resumirse así:

 Para llegar a la conclusión de que Dios es la garantía de toda verdad, he tenido que partir de la certeza del cógito; ahora bien, al mismo tiempo, no puedo tener certeza del cógito, a no ser que perciba la idea de Dios en mí como existente y garante de todo tipo de verdad.

 

 

ACERCA DE LA EXISTENCIA DE LAS COSAS MATERIALES

Se repone la realidad que había sido eliminada epistemológicamente por la duda metódica, y es una realidad que tiene  como estructura, tres esferas o ámbitos formados por dos tipos de substancias:

1.      Substancia Infinita o Dios : substancia es una cosa que existe de tal modo que no necesita de ninguna     otra cosa para existir

2.      Substancias Finitas : son dos independientes y autónomas entre sí

- substancia pensante o yo o alma:el pensamiento es el atributo del alma  “res cogitans”. Los modos del pensamiento  son juzgar, razonar, sentir, imaginar,querer      

 

- substancia extensa o cuerpo: El atributo del cuerpo es la extensión, “res extesa”. Los modos del  cuerpo son la figura y el movimiento.

      

A partir de este dualismo interpreta al ser humano en términos de cuerpo y alma, dualismo antropológico. El pensamiento es diferente del cuerpo. El pensamiento (alma) puede existir sin el cuerpo.

Es una realidad no inmediata sino deducida.

A partir de aquí puede comenzar a desarrollar el ámbito de la Física y otros tipos de saberes.

 

ÉTICA PROVISIONAL : ciencia moral.
EXPLICACIÓN   Y  LECTURA DEL CAPITULO 3 DE  EL Discurso Del método


Descartes no tiene una filosofía moral o ética excesivamente elaboradas. En el Discurso del Método nos provee, más bien, de unas normas morales o máximas de comportamiento que sugieren que siguió las opiniones comúnmente aceptadas en este ámbito. Aún así, en relación con la cuestión epistemológica, cabe reseñar que Descartes pensó que las reglas del método habrían de poderse también aplicar a la moral. Así, en la parte I del Discurso nos dice que tenía “extremado deseo de aprender a distinguir lo verdadero de lo falso, para ver claro en mis acciones y caminar con seguridad en esta vida”.
-Aplicar el método a la moral:
La referencia a la filosofía de la acción (ética) y su interrelación con la verdad y la falsedad (epistemología) sugiere que el pensamiento de Descartes presenta una raíz común a cualquier ámbito del conocimiento. La confianza en un método o sistema racional de investigación, conducido según reglas simples e inspirado en los procedimientos algebraico-geométricos habría, según Descartes, de proporcionar buenos frutos en cualquier disciplina, de modo que no habría “(cosas) tan alejadas a las que no se lleguen, ni tan escondidas que no se descubran”.
Otras afirmaciones de Descartes prueban que el autor prentendía utilizar en las cuestiones morales el método analítico-deductivo por él propuesto. Al final de la parte II del Discurso leemos que dado que el método no lo había “sujetado a ninguna materia en particular, me prometía aplicarlo tan útilmente a las dificultades de otras ciencias como lo había hecho a las del álgebra”. Entre estas “otras” ciencias se encuentra, sin duda, la ciencia del comportamiento sujeto a valores, esto es, la moral.
Por otro lado, sabemos que Descartes tenía en proyecto acometer una investigación sistemática sobre la ética, según el método. Este proyecto fue diferido durante su vida y, aunque antes de morir publicó Las pasiones del alma obra en la que analizaba en detalle la afectación de la razón por los sentidos y las pasiones, el objetivo de desarrollar una moral “definitiva” sobre bases analíticas quedó inconcluso.
La importancia que, a pesar de todo, la moral tiene para Descartes queda de manifiesto en su concepción de la libertad. La libertad, idea rectora en el ámbito moral, es una idea innata, según Descartes, y, además, probablemente la más importante de todas, porque es el reflejo del sometimiento del cuerpo al alma, de las pasiones irracionales e involuntarias a la voluntad del sujeto (y recordemos la que voluntad es la otra gran facultad de la Razón, junto al entendimiento).
           -Las causas del pecado y el error: la libertad moral y epistemológica
Si Dios garantiza que aquello que concibo clara y distintamente es verdad, ¿de dónde procede el error? Por el solo entendimiento (facultad de conocer) no afirmo ni niego cosa alguna; en este sentido no hay en él error. El entendimiento, aunque limitado y poco extenso, no es la causa. Tampoco la voluntad o libertad de arbitrio (facultad de elegir) lo es, ya que en sí misma es lo que más me aproxima a Dios, pues no está limitada. A la hora de elegir lo que el entendimiento nos propone, la voluntad no se siente constreñida por ninguna fuerza exterior. Si que se da fuerza interior, pues la libertad no implica indiferencia, por el contrario, cuanto más propendo a una de las posibilidades que me presenta el entendimiento, más libremente la escojo. El error aparece cuando mi voluntad se determina (a actuar, a afirmar o a negar) sin que el entendimiento lo conciba clara y distintamente.
Siendo la voluntad más amplia que el entendimiento no la contengo dentro de los mismos límites que éste, sino que extiendo también a las cosas que no entiendo, y, siendo indiferente a éstas, se extravía con facilidad, y escoge el mal en vez del bien, o lo falso en vez de lo verdadero. Y ello hace que me engañe y peque. (Meditaciones Metafísicas)

-Principios éticos en descartes
Hay tres máximas para ser felices:
- Conformismo social, se dóciles a las leyes, costumbres y usos de nuestro país.
- Tener voluntad, ánimo constante, siempre en la misma dirección.
- Moderación de los deseos, prudentes, contenernos y no cambiar el orden del mundo.

                    Se apoya en el fundamento de que la ética tiene dos principios, uno del ser divino, en el que Dios es bueno y por lo tanto tenemos que confiar en que todo lo que nos ocurre es bueno; y por otro lado la condición humana, que está determinada por la res cogitans, siendo lo mejor, tenerla separada de la res extensa. Pero hay un terreno el de las pasiones que es compartido por ambas, al alma porque es consciente y al cuerpo porque provoca un movimiento. Las pasiones son buenas si yo las someto, por eso la moderación de los deseos. La indecisión viene de las pasiones, por lo que hay que ser decidido y no vacilar

              Tomada en su conjunto, la moral provisional de Descartes no aporta ningún ingrediente nuevo al tratamiento de las cuestiones morales en la época. Su moral es partícipe de ideas aristotélicas, socráticas y estoicas, y en general, respira moderación, conservadurismo e intelectualismo. Descartes se cuida de presentarse como un ciudadano “medio” de conducta irreprochable, adaptada a las convenciones vigentes entre sus conciudadanos. Analizadas brevemente, las máximas de la moral provisional de Descartes son las siguientes:
1. “Obedecer las leyes y las costumbres de mi propio país, conservando con constancia la religión en la que Dios me ha dado la gracia de ser instruído desde mi infancia, y rigiéndome en todo lo demás con arreglo a las opiniones más moderadas y más alejadas del exceso que fuesen aprobadas comunmente en la práctica por los más sensatos de aquellos con quienes tendría que vivir”.
En esta máxima, Descartes expresa con claridad los mencionados convencionalismo y moderación. Aboga por conductas alejadas de los excesos, recordando la teoría del justo medio de Aristóteles, y propone actuar según las normas de los “mas sensatos”, a quienes puede interpretarse como los de mejor juicio. Descartes trata de pasar por un ciudadano modelo, creyente por encima de todo, e incapaz de poner en cuestión el orden establecido. En la desaprobación de las conductas extremas, sin embargo, deja caer una idea quizás un tanto molesta para la mentalidad oficial de la época: considera un exceso los votos religiosos (pobreza, castidad y obediencia), ya que suponen compromisos que en el momento de adquirirse, y al ser para toda la vida, no tienen en cuenta que no hay “en el mundo ninguna cosa que permanezca siempre en el mismo estado”.
2. “Ser en mis acciones lo más firme y lo más resuelto que pudiese, y no seguir con menos constancia las opiniones más dudosas una vez que me hubiese determinado, que si hubiesen sido muy seguras”.
Esta “constancia” en el comportamiento recuerda a los estoicos y es una prueba de la diferencia que Descartes encuentra entre las cuestiones epistemológica y las morales. En estas últimas debe actuarse comúnmente de modo rápido, sin tener toda la información o la garantía de acertar. En las cuestiones científicas, en cambio, el entendimiento medita con atención todas sus pruebas. Descartes utiliza la metáfora de un bosque en el que nos hemos perdido para explicar esta máxima. No debemos vagar de un lugar a otro, o detenernos, o rectificar constantemente nuestro criterio, sino que, una vez resueltos a caminar en una dirección, hacerlo siempre así a pesar de las dificultades. Esto significa que “puesto que a menudo las acciones de la vida no admiten ninguna demora, es una verdad muy cierta que, cuando no está en nuestro poder discernir las mejores opiniones, debemos seguir las más probables”.

3. “Procurar siempre vencerme a mí mismo antes que a la fortuna y modificar mis deseos antes que el orden del mundo”.
Esta máxima es radicalmente estoica, y se basa en la idea de que “no hay nada que esté enteramente en nuestro poder sino nuestros pensamientos”. Descartes se presenta como un hombre dispuesto a cambiar interiormente antes que a promover un cambio (y mucho menos violento) en los usos y normas habituales en la sociedad en la que vive. Se cuida muchísimo de aparecer como un revolucionario o perturbador del orden. Menciona implícitamente a Séneca (estoico) al afirmar que es más feliz quien sabe controlar lo que desea que quien vive constantemente pendiente de deseos que no dependen de él. Así, auténticamente sabio es quien hace de esta máxima una guía moral. Tal actitud, reconoce Descartes, exige una “meditación frecuentemente reiterada para acostumbrarse a mirar con este sesgo todas las cosas”.

4. Como conclusión de esta moral, Descartes propone cultivar la razón por encima de todo y aprender constantemente. Este intelectualismo moral es herencia de Sócrates. És la razón las que da la medida del bien y del mal. En sus palabras: “pensé que no podía hacer nada mejor que emplear toda mi vida en cultivar mi razón y avanzar, tanto como pudiese, en el conocimiento de la verdad, siguiendo el método que me había prescrito”.
El socratismo cartesiano alcanza su cénit es la afirmación de que el buen juicio de una razón instruída y educada será la mejor garantía de las buenas obras y de la elección del camino correcto: “es suficiente juzgar bien para obrar bien, y juzgar lo mejor que se pueda, para obrar también todo lo mejor que se pueda, es decir, para adquirir todas las virtudes(…) que pueden lograrse”.

 La moral provisional es, entonces, el arte de vivir feliz, a pesar de las dudas que persisten en nuestro juicio sobre las cosas. El conformismo social, la constancia en la voluntad, la moderación en los deseos, la búsqueda de la verdad, son reglas de una sabiduría que, en definitiva, permanece independiente de los contrastes y conflictos de las opiniones especulativas.
Por otro lado si el error y el pecado provienen de la decisión de la voluntad sobre aquello que el entendimiento no concibe clara y distintamente, la labor moral del hombre consistirá en someter esta voluntad ilimitada a los límites de lo que el entendimiento concibe con certeza. Donde el conocimiento evidente le muestra el bien, la voluntad no puede aspirar a otra cosa que a ese bien presente. La voluntad sólo conserva la supremacía sobre las representaciones confusas, no frente a lo conocido de modo claro y distinto (la verdadera libertad tiene lugar allí donde la voluntad se deja determinar por el intelecto, por sus conocimientos claros y distintos). La teoría cartesiana de la acción moral es así una continuación de la ética socrática y estoica. El conocimiento intelectual, de la razón y la voluntad sobre los impulsos y las pasiones sensibles. De esta forma, junto al voluntarismo de la teoría del juicio y el error, aparece en conclusión una ética intelectualista.